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Creencias limitantes ¿Cómo cambiarlas?

Creencias limitantes ¿Cómo cambiarlas?

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Creencias limitantes ¿Cómo cambiarlas?

Seguramente muchos recordarán el cuento de Jorge Bucay, del elefante preso a una cadena. El gran elefante, antes y después de terminar su función en el circo, permanecía sujeto a una cadena y ésta, a una pequeña estaca de madera, clavada pocos centímetros bajo el suelo. Era difícil de entender que, semejante animal, capaz de arrancar un árbol de raíz, no fuera capaz de buscar su libertad.
¿Qué creen que lo sujetaba a continuar allí? ¿Por qué creen que no intentaba escaparse?
Resulta que el animal, había estado sujeto a esa cadena y estaca, desde recién nacido, desde muy pequeño intentó día tras día liberarse de ella pero, no lo logró, en aquel entonces, la estaca y la cadena de gran porte, sin dudas eran mucho para él, con lo cual, optó por resignarse. Los años pasaron, el elefante, ya no era el animalito indefenso, sin embargo, no se creía capaz de poder con aquella robusta cadena, quedó encadenado entonces a esa creencia: creía que no podía con ella.
It was a moment of pure, almost beautiful celebrity detachment — even for Hudgens, whose star status long ago fell from Disney Channel’s crown princess to aspiring TikTok personality. On Thursday, six days into social distancing, actress and Israeli army Twitter propagandist Gal Gadot led several of her fellow celebrities in singing John Lennon’s “Imagine” to their legions of adoring plebeian fans.
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Al igual que el elefante del cuento de Bucay, todos tenemos creencias, aprendizajes que traemos desde muy pequeños, cuando somos fácilmente programables y las ideas se graban automáticamente en nuestro subconsciente. Sobre todo, durante el proceso de socialización, previo a los 7 años de edad, cuando nuestra mente racional y consciente aún no interviene, consideramos todo lo que escuchamos y vemos como válido, y lo guardamos sin cuestionarlo. Es por ello, que nuestras creencias proceden del entorno en el que hemos vivido, de las experiencias y opiniones de los demás. Otras, las vamos incorporando de más grandes y son más recientes, como experiencias vividas u opiniones de otros.
Lo cierto es que nuestro cerebro aprende a saber qué esperar de cada momento; es decir, si pienso que en la presentación que debo hacer en el trabajo apenas voy a desenvolverme, porque una vez en la Universidad me salió mal hablar en público, no me irá tan bien y si de mi depende, no lo haría. Es así, como estas ideas y pensamientos, actúan como profecías auto-cumplidas.
El sistema de estas creencias, se refuerza de manera circular, se retroalimenta, a medida que creemos en algo que no es real, impactamos nuestra conducta con estas ideas, por ende, el resultado va a ser acorde a eso que creo y, por lo tanto, refuerzo de ese modo, esa creencia.
Como vemos, nuestras creencias inconscientes, condicionan nuestros pensamientos, éstos condicionan nuestras emociones, éstas, nuestro accionar y finalmente, nuestro resultado. 
En coaching, clasificamos estas estructuras, estas formas de entender las cosas y la vida, en positivas o negativas, potenciadoras o limitantes respectivamente. Las positivas, ayudan a que la vida sea de cierta manera, más fácil. Por ejemplo, creer que, si estudio para una prueba, me irá mejor, seguramente me ayude a tener disposición para estudiar y por lo tanto, que me vaya mejor y que el resultado sea bueno. Por otro lado, tenemos creencias o aprendizajes, que en coaching llamamos negativos, limitantes y su definición radica en que estas formas de entender determinados aspectos de la vida y de nosotros mismos, nos proporcionan una visión errada, que no nos permite crecer, no nos permite avanzar, como le ocurría al elefante.
 En un proceso de coaching, podemos o no enfrentarnos a creencias limitantes. El coach deberá bucear en el sistema de creencias del individuo, si nota que éste duda de su capacidad para alcanzar su objetivo, probablemente el individuo tenga una creencia negativa respecto a algún tema, que se esté interponiendo en su accionar hacia el logro de esa meta.
Se dice que el coaching que trata con creencias, es más poderoso porque no solo resuelve el problema, sino porque cambia la forma de pensar que constituía el origen de ese problema. Joseph O'Connor, en su libro “Coaching con PNL”, lo define como el “coaching de doble bucle”, porque introduce la creencia del individuo en el bucle de retroalimentación. Y puesto que las creencias actúan como reglas presentes en todo lo que es o no posible, como resultado del coaching el cliente también podrá ser más creativo en otras áreas de su vida.
Ahora bien ¿Cómo podemos hacer para deshacernos de esas creencias que no nos favorecen?
En primer lugar, todo cambio, radica en ser conscientes de lo que quiero y debo cambiar. Ser conscientes de que existe tal creencia y que tiene una connotación negativa en mi vida. Debemos cuestionarla y buscar qué evidencias apoyan ese pensamiento ¿Son válidas? El ponerla en palabras, es el primer paso consciente. El ponerla en evidencia, ayuda a exterminarla. Una vez que la definimos y sabemos que está, debemos elegir, por cuál la queremos cambiar. ¿En qué queremos creer en lugar de eso? Este diseño de la nueva creencia, debe ser pensado en positivo. Finalmente, debo reforzar la creencia potenciadora, entrenarla y repetirla, hasta incorporarla.  
Se emplean herramientas en un proceso de coaching para ayudar a identificar y relevar creencias limitantes, por ejemplo, el formulario para la identificación de creencias o, preguntas poderosas que lleven al individuo a identificar qué es lo que lo está frenando. En cualquiera de los casos, una vez que se llega a la creencia limitante, es importante identificar si el problema está en la capacidad, posibilidad o merecimiento. Para lograr su objetivo, el individuo debe contar con estos tres factores, creerse capaz de lograrlo, creer que es posible lograrlo y creer que es merecedor de ese logro, si uno falla, allí estará la creencia y eso nos da la pauta del punto de partida donde comenzar a trabajar. 
Todo este proceso de coaching y sus resultados, demuestran que podemos elegir en qué creer, las creencias se pueden cambiar y como ejemplo de ello, tenemos que seguramente no sea lo mismo, lo que podemos entender por “hogar” a los 10 años, que a los 40, no sea lo mismo lo que podemos creer que es la “diversión” a los 5 años, que a los 50, o lo que creemos sobre la vida a los 15 años, que a los 70.
Ello cambia, y cambia de acuerdo a nuestras experiencias y vivencias.  
Las creencias no son estáticas, son temporales, depende de cada individuo cambiar las limitadoras que no permiten avanzar, por creencias potenciadoras que además, podemos elegir que transformen en permanentes.
Si crees que puedes hacerlo o crees que no puedes, en ambos casos, tienes razón. Henry Ford
¿Qué elijes creer? ¿Qué creencias sobre ti mismo/a te están deteniendo? ¿Qué creencias te impulsaron en tu vida y deseas conservarlas?
 
Coaching con PNL (Joseph O`Connor y Andrea Lages)
El elefante encadenado (Jorge Bucay)
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